Desnudez. Mañana. Sábanas. Baño. Cepillo. Pasta. Dientes. Frío. Ropa. Televisión. Cobija. Idea. Desayuno. Rico. Café. Leche. Azúcar. Flojera. Regadera. Agua. Caliente. Jabón. Espuma. Toalla. Jeans. Playera. Sandalias. Diadema. Lentes. Audífonos. Bolsa. Llaves. Puerta. Parque. Pasos. Banqueta. Arcos. Bicicletas. Patines. Patineta. Niños. Adultos. Extranjera. Señor. Pareja. Canción. Nostalgia. Sol. Alto. Siga. Silbido. Minutos. Miradas. Caminata. Tabaco. Libros. Más libros. Cuatro. Películas. Caja. Plástico. Guardia. Avanzar. Un pie. Otro pie. Calle. Raíces. Sirenas. Adoquín. Sonido. Semáforo. Caminar. Sed. Agua mineral. Manos. Amenaza. Gotas. Dos horas. Guitarra. Batería. Voz. Pintura. Dolor. Ampolla. Banca. Suciedad. Abrir. Cerrar. Hojas. Risa. Hambre. Lentejas. Zanahoria. Cebolla. Cilantro. Tomate. Chile. Fuego. Sopa. Cuchara. Postre. Saciedad. Humo. Agua de fresa. Lluvia. Carro. Gasolina. Cine. Fila. Taquilla. Dinero. Boleto. Gente. Ruido. Plaza. Compras. Sala. Olores. Butaca. Principio. Error. Inicio. Actor. Actriz. Historia. Erotismo. Soledad. Cicatriz. Final. Estacionamiento. Confusión. Alarma. Vecinos. Tarde. Sandwich. Mostaza. Papas. Mensaje. Amigo. Viento. Teléfono. Mamá. Broma. Sillón. Agujero. Correo. Papel. Página 54. Japón. Vaso. Hielo. Derrame. Tapete. Mancha. Música. Fotografías. Manzana. Caramelo. Página 98. Media noche. Silencio. Calcetines. Palabras. Escribir. Ventana. Luna. Nubes. Almohadas. Sueño. Lámpara. Oscuridad. Desnudez.
puntos suspensivos (...)
4 años, 2 meses y 5 días...
Esos son los puntos suspensivos
que se multiplican y me persiguen.
Dentro de mí son muchos más que tres.
Me desesperan y me aprisionan,
se burlan de mí y me piden paciencia.
Hacen que me talle la cara
y que me muerda los labios.
He logrado que ya no me borren la sonrisa,
ni la fuerza ni la confianza
y con eso ya gano.
Ya no quiero que sean tres.
Eso está clarísimo:
quiero que sea uno, el final.
Ya no tengo historias que contar,
ni lugares qué explorar
ni ideas qué encontrar,
ni talento qué descubrir aquí.
Pero sí debo tener algo que aprender todavía
porque aquí seguimos los cinco:
la cuenta, ellos tres (...) y yo.
Ya quiero que seamos sólo tres.
Me sobran dos puntos.
Estoy segura que no falta casi nada.
Estoy segura que no tarda el día.
Y ese día, será uno muy bueno.
Algo muy bueno hoy, por mientras,
es que será pronto, muy pronto.
(To be continued... ¡ja!)
Esos son los puntos suspensivos
que se multiplican y me persiguen.
Dentro de mí son muchos más que tres.
Me desesperan y me aprisionan,
se burlan de mí y me piden paciencia.
Hacen que me talle la cara
y que me muerda los labios.
He logrado que ya no me borren la sonrisa,
ni la fuerza ni la confianza
y con eso ya gano.
Ya no quiero que sean tres.
Eso está clarísimo:
quiero que sea uno, el final.
Ya no tengo historias que contar,
ni lugares qué explorar
ni ideas qué encontrar,
ni talento qué descubrir aquí.
Pero sí debo tener algo que aprender todavía
porque aquí seguimos los cinco:
la cuenta, ellos tres (...) y yo.
Ya quiero que seamos sólo tres.
Me sobran dos puntos.
Estoy segura que no falta casi nada.
Estoy segura que no tarda el día.
Y ese día, será uno muy bueno.
Algo muy bueno hoy, por mientras,
es que será pronto, muy pronto.
(To be continued... ¡ja!)
7%
Odiar los lunes es odiar el 14% de la vida.
Es demasiado, me abruma el dato.
En realidad, es sólo en las mañanas de los lunes
donde se concentra mi desprecio.
14 partido a la mitad es 7.
Y 7%... no es tanto, ¿o sí?
Odiar las mañanas de lunes es odiar el 7% de la vida.
Amar el 93% es bastante bueno, ¿no?
(¿Qué se sentirá ser lunes y que todos te odien?)
Es demasiado, me abruma el dato.
En realidad, es sólo en las mañanas de los lunes
donde se concentra mi desprecio.
14 partido a la mitad es 7.
Y 7%... no es tanto, ¿o sí?
Odiar las mañanas de lunes es odiar el 7% de la vida.
Amar el 93% es bastante bueno, ¿no?
(¿Qué se sentirá ser lunes y que todos te odien?)
wow
A la maniana, te tomas unos mates con tu viejo en su pileta.
Después, te fumas un troncho y sales a caminar.
Y te parece re loco caminar tanto en Buenos Aires.
Comes ensalada rusa con matambre.
Fiaca todo el finde. Una Quilmes.
Es enero y tienes calor. Para ti, es verano.
Te quitas la "reme", boludo.
wow...
y sonrisa.
(Escrito en México por una mexicana que recordaba una plática con un argentino en Argentina. Ni hablar.)
Después, te fumas un troncho y sales a caminar.
Y te parece re loco caminar tanto en Buenos Aires.
Comes ensalada rusa con matambre.
Fiaca todo el finde. Una Quilmes.
Es enero y tienes calor. Para ti, es verano.
Te quitas la "reme", boludo.
wow...
y sonrisa.
(Escrito en México por una mexicana que recordaba una plática con un argentino en Argentina. Ni hablar.)
Mundos en común
Pienso que las palabras son de otro lugar. No pueden ser nuestras estas cosas tan mágicas, tan increíbles. Me rehúso a creer que son humanas, eso no puede ser, nos rebasan, nos superan. Alguien nos las dio. De algún otro lugar nos vienen, de aquí no.
Los sonidos que somos capaces de emitir significan cosas. Códigos estructurados, complejos y hermosos. ¿No es delicioso? Memorizamos los sonidos de cada letra y luego los cargamos con nuestros significados. Aprendiendo a través de ellas, peleando y tratando de negociar con ellas, razonando por ellas, compartiéndonos empapados en ellas. Es tan cotidiano y tan mecánico; tan dado que es absurdo.
¿Cuántas palabras sabes, cuántas habrás escuchado en tu vida? Elige una para decir algo, la que sea. Escoge cuidadosamente otra que describa lo que sientes en este momento. Dime en una palabra qué hiciste ayer y en otra qué vas a hacer mañana. Escribe todo, como si al hacerlo, pudieras liberarte. Llénate la boca y vacíate el alma. Y ahora encarcélate en lo que dijiste, cierra con llave. Respeta profundamente lo que no dijiste: hiciste un pequeño homenaje a eso que llamamos soledad. Acomódalas bien y trasciende. Intenta comunicarme qué recuerdas sin usar palabras.
Lo que crees de ti son palabras. Lo que todos creen de mi son palabras. Tus sueños son palabras. Lo que más amas son palabras. Tu nombre es una palabra. ¿Cómo te llamas? Eres palabras. Estás lleno, ¿ves? Sin palabras no somos... nada.
Enamorada de ellas. Escritas, leídas, habladas, guardadas, como sea. Enamorada de todas. ¿Cómo no amarlas? ¿cómo no vivir por ellas y para ellas? ¿cómo no querer saber más? Si son fantásticas y son reales... y no son opuestos. Las palabras no pueden ser de aquí, no pueden.
("Las palabras son mundos en común" es algo que un día escuché y que no creo ser capaz de olvidar nunca. Pocas cosas tan geniales retengo en mi memoria pero retengo esas palabras.)
Los sonidos que somos capaces de emitir significan cosas. Códigos estructurados, complejos y hermosos. ¿No es delicioso? Memorizamos los sonidos de cada letra y luego los cargamos con nuestros significados. Aprendiendo a través de ellas, peleando y tratando de negociar con ellas, razonando por ellas, compartiéndonos empapados en ellas. Es tan cotidiano y tan mecánico; tan dado que es absurdo.
¿Cuántas palabras sabes, cuántas habrás escuchado en tu vida? Elige una para decir algo, la que sea. Escoge cuidadosamente otra que describa lo que sientes en este momento. Dime en una palabra qué hiciste ayer y en otra qué vas a hacer mañana. Escribe todo, como si al hacerlo, pudieras liberarte. Llénate la boca y vacíate el alma. Y ahora encarcélate en lo que dijiste, cierra con llave. Respeta profundamente lo que no dijiste: hiciste un pequeño homenaje a eso que llamamos soledad. Acomódalas bien y trasciende. Intenta comunicarme qué recuerdas sin usar palabras.
Lo que crees de ti son palabras. Lo que todos creen de mi son palabras. Tus sueños son palabras. Lo que más amas son palabras. Tu nombre es una palabra. ¿Cómo te llamas? Eres palabras. Estás lleno, ¿ves? Sin palabras no somos... nada.
Las tenemos, las recordamos, las inventamos. Las prostituímos, las odiamos, las creemos. Las interpretamos, las entendemos, las malentendemos. Las minimizamos y las maximizamos. Las abarcamos, las traducimos, las sustituímos, las tragamos, las abrazamos, las ensuciamos, las idolatramos, las veneramos, las recortamos, las pegamos, las negamos, las evitamos. Y sólo son palabras.
Enamorada de ellas. Escritas, leídas, habladas, guardadas, como sea. Enamorada de todas. ¿Cómo no amarlas? ¿cómo no vivir por ellas y para ellas? ¿cómo no querer saber más? Si son fantásticas y son reales... y no son opuestos. Las palabras no pueden ser de aquí, no pueden.
("Las palabras son mundos en común" es algo que un día escuché y que no creo ser capaz de olvidar nunca. Pocas cosas tan geniales retengo en mi memoria pero retengo esas palabras.)
Fobia específica situacional
Los síntomas del miedo a las alturas son taquicardia, sudoración, hiperventilación y náuseas. Ataques de ansiedad. (¡Investigué!).
Prefiero subir sin voltear hacia abajo. Brincar, escalar, trepar cada vez más alto. Sin red de salvación como en los circos. Dando vueltas en el aire como en los circos. Protagonizando el acto como en los circos. No ver el fondo. Voltear hacia abajo, hacia arriba, hacia enfrente, a un lado: a donde sea pero seguir volteando. Sentir la cuerda tan floja que las piernas no respondan. Marearme por estar tan alto y tan lejos y saber perfectamente cómo llegué ahí. Prefiero eso, un millón de veces sí.
Qué bueno que no tengo vértigo ni miedo a las alturas: pero creo que los síntomas me dan a cero metros sobre el nivel del mar.
Yo no tengo miedo a las alturas: le tengo miedo a las bajuras. Miedo al piso, a lo seguro, a lo estable. A ese lugar que de tanto pisarlo, pueda volverse mío (o yo de él). A caminar el mismo camino una y otra vez. Ida y vuelta, ida y vuelta, ida y vuelta. A esa rutina en la que puedo anestesiarme, automatizarme. A ese suelo en el que pueda estar tan cómoda, tan arraigada. A la quietud, a la inmovilidad... a la parálisis. A que se me olvide jugar, arriesgar. A eso sí le tengo miedo porque a lo conocido me acostumbro. Es ahí cuando comienzan a sudarme las manos y quiero vomitar.
Prefiero subir sin voltear hacia abajo. Brincar, escalar, trepar cada vez más alto. Sin red de salvación como en los circos. Dando vueltas en el aire como en los circos. Protagonizando el acto como en los circos. No ver el fondo. Voltear hacia abajo, hacia arriba, hacia enfrente, a un lado: a donde sea pero seguir volteando. Sentir la cuerda tan floja que las piernas no respondan. Marearme por estar tan alto y tan lejos y saber perfectamente cómo llegué ahí. Prefiero eso, un millón de veces sí.
Qué bueno que no tengo vértigo ni miedo a las alturas: pero creo que los síntomas me dan a cero metros sobre el nivel del mar.
Aunque no debería
No apago mi celular en los aviones. Como cantidades industriales de queso y demasiado picante. Llego tarde a trabajar todos y cada uno de los días. No separo la basura orgánica de la inorgánica, todo va en el mismo lugar. No renuevo mis pólizas de seguro inmediatamente después de vencidas, dejo pasar unos días de "suspenso" y no por olvido. Digo muchas groserías. Escucho música con audífonos a volúmenes muy altos. Fumo como un preso que cumple una cadena perpetua. Sostengo la mirada a los extraños. Hago y me hago muchas preguntas. No he querido tener una tarjeta de crédito y no la tengo. Si en el cine no hay nadie sentado en la butaca frente a mí, subo los pies al respaldo. De noche, leo con la poca luz de una lámpara y sin mis lentes. Tomo agua fría en invierno. Olvido darle de comer a mi pez... yo misma, paso demasiadas horas sin comer. Hablo sola. Jamás leo el periódico. No tengo un fondo de ahorro para el retiro. Es más, cuando mis ahorros alcanzan una cifra importante, encuentro un motivo igual de importante y adiós. No desayuno. Me estaciono en lugares prohibidos y manejo mi camioneta a 100 kilómetros por hora en avenidas con límite de 60. Cuando la ansiedad me gana, mis uñas la pagan. Cada vez que voy a la playa, me tiro como lagartija en la arena durante las horas más fuertes del sol. Me hago colas de caballo con el cabello mojado algunas mañanas. Me pongo acondicionador en todo el cabello y no solamente en las puntas. Como el arroz con cuchara, nunca con tenedor. Hago 3 minutos a mi trabajo y nunca me voy a pie. Tomo café en ayunas... mucho. Reto a mi jefe. No me hago esos análisis de sangre una vez al año. Llevo tenis y jeans rotos a las juntas importantes de trabajo y me visto bien cuando no hay nada que hacer. Digo exactamente lo que pienso, sin disfraces. Duermo muy poco. Quito cínicamente el polvo de ese aparato llamado "elíptica" en el que corría tanto cuando dejé de fumar. Me enamoro de imposibles. Conservo algunos objetos que no quiero ni necesito. Viajo al pasado y al futuro todo el tiempo. Me carcajeo todos los días y creo que un mundo mejor es posible. Confío de entrada en todas las personas hasta que me demuestran lo contrario y no al revés. No le hablo por teléfono a mi abuela los domingos. Escribo estupideces y las publico en internet.
Y aunque no debería hacer nada de esto, lo hago, lo hago todo.
Porque sí, porque ésa soy yo, porque quiero y porque es delicioso.
Y aunque no debería hacer nada de esto, lo hago, lo hago todo.
Porque sí, porque ésa soy yo, porque quiero y porque es delicioso.
Esta tarde de domingo
Este no es un momento de esos que marcan la vida. No acabo de recibir una gran noticia que cambiará mi camino. No es el día en el que intuí mi destino. No abrí un gran recuerdo. Nadie me llamó por teléfono para decirme para qué diablos estoy aquí. No encontré al "amor-de-mi-vida" hoy ni me enamoré perdidamente en su mirada. Nadie se casa, nadie nació, nadie murió... nadie mío al menos. Ninguna epifanía, ninguna revelación del gran sentido y misión, si los hay; ningún nuevo sueño, sólo los mismos de siempre: los míos.
Estoy en calcetines sentada en el piso de mi departamento, sola. Llevando nada más que una piyama que ya ni siquiera me pide que la lave. Una hermosa tarde de domingo en la que un tibio sol entra por la ventana y no encuentra la barrera de las cortinas porque no hay tales. Entra desde allá y aterriza en mi rostro acariciándolo con esa ternura que sólo él puede regalar. Me pregunto cómo puede viajar tan rápido y encontrarme sin lastimarme. Me encandila un poco pero no me voy a mover. Mis manos están frías y tiemblan un poco por ayer. Después de tres tazas de café y un memorable desayuno, no tengo absolutamente nada que hacer. Juego con mi cabello y subo los pies. La televisión está apagada y las pantuflas fueron desdeñadas por ahí. Ni siquiera estoy escuchando música, cosa rara. Pero tampoco hay silencio porque las palabras que me están brotando me inundan, vienen todas de visita y hacen una fiesta aquí. Me encantan. Y celebramos juntas: ellas y yo. Con el lugar lleno de humo de tabaco, el tapete lleno de ceniza y de ayer. El pecho lleno de vida y una pequeña sonrisa, de esas cómplices: casi imperceptible, genuina, profunda. Es apenas la comisura izquierda de mis labios la que insiste en sonreír, yo no me resisto y no hay nadie aquí para constatarlo.
Esta tarde de domingo se presta para la paz. Esta tarde de domingo se presta para, una vez más, hacer lo que me de mi gana. Esta tarde de domingo se presta para sentirme -¿cuál será la palabra exacta?- profundamente, estúpidamente, absurdamente, deliciosamente, desesperadamente, insoportablemente, intensamente viva. V-i-v-a. Si la felicidad existe y podemos alcanzarla, creo que se parece bastante a esto. A estas pequeñas tonterías no anunciadas que de pronto nos golpean y nos avisan que sí... que tal vez sí ¿y por qué demonios no? somos felices... aunque sea por un ratito.
Pensándolo bien, quizá éste sí sea un momento de esos que marcan la vida. Después de todo, sólo pocas veces sabemos qué es lo que nos va marcando y aún menos veces, nosotros lo escogemos. Ahora yo escojo este momento para que me marque. Porque es un gran momento.
De pronto, me dieron unas ganas terribles de bañarme y salir a caminar. Vuelvo.
Estoy en calcetines sentada en el piso de mi departamento, sola. Llevando nada más que una piyama que ya ni siquiera me pide que la lave. Una hermosa tarde de domingo en la que un tibio sol entra por la ventana y no encuentra la barrera de las cortinas porque no hay tales. Entra desde allá y aterriza en mi rostro acariciándolo con esa ternura que sólo él puede regalar. Me pregunto cómo puede viajar tan rápido y encontrarme sin lastimarme. Me encandila un poco pero no me voy a mover. Mis manos están frías y tiemblan un poco por ayer. Después de tres tazas de café y un memorable desayuno, no tengo absolutamente nada que hacer. Juego con mi cabello y subo los pies. La televisión está apagada y las pantuflas fueron desdeñadas por ahí. Ni siquiera estoy escuchando música, cosa rara. Pero tampoco hay silencio porque las palabras que me están brotando me inundan, vienen todas de visita y hacen una fiesta aquí. Me encantan. Y celebramos juntas: ellas y yo. Con el lugar lleno de humo de tabaco, el tapete lleno de ceniza y de ayer. El pecho lleno de vida y una pequeña sonrisa, de esas cómplices: casi imperceptible, genuina, profunda. Es apenas la comisura izquierda de mis labios la que insiste en sonreír, yo no me resisto y no hay nadie aquí para constatarlo.
Esta tarde de domingo se presta para la paz. Esta tarde de domingo se presta para, una vez más, hacer lo que me de mi gana. Esta tarde de domingo se presta para sentirme -¿cuál será la palabra exacta?- profundamente, estúpidamente, absurdamente, deliciosamente, desesperadamente, insoportablemente, intensamente viva. V-i-v-a. Si la felicidad existe y podemos alcanzarla, creo que se parece bastante a esto. A estas pequeñas tonterías no anunciadas que de pronto nos golpean y nos avisan que sí... que tal vez sí ¿y por qué demonios no? somos felices... aunque sea por un ratito.
Pensándolo bien, quizá éste sí sea un momento de esos que marcan la vida. Después de todo, sólo pocas veces sabemos qué es lo que nos va marcando y aún menos veces, nosotros lo escogemos. Ahora yo escojo este momento para que me marque. Porque es un gran momento.
De pronto, me dieron unas ganas terribles de bañarme y salir a caminar. Vuelvo.
Las diosas
Soy casi toda Artemisa, indudablemente.
Con bastantes rasgos de Atenea.
Muy Hestia en muchas cosas.
Hera se prende y se apaga pero no deja de hablar.
A Deméter la tengo casi guardada pero se sabe escapar.
Perséfone me da flojera pero es real, existe.
Afrodita aparece siempre y lo revuelve todo.
Más virgen que vulnerable... todavía.
Muy alquímica.
Sigo queriendo las manzanas de oro
y sigo sin saber quién las va a obtener.
Apostándole a la heroína, no a la víctima; eso sí.
Que lo entienda quien lo pueda entender.
Yo tengo insomnio y no quiero explicar:
El libro se llama Las diosas de cada mujer
y lo acabo de terminar.
Con bastantes rasgos de Atenea.
Muy Hestia en muchas cosas.
Hera se prende y se apaga pero no deja de hablar.
A Deméter la tengo casi guardada pero se sabe escapar.
Perséfone me da flojera pero es real, existe.
Afrodita aparece siempre y lo revuelve todo.
Más virgen que vulnerable... todavía.
Muy alquímica.
Sigo queriendo las manzanas de oro
y sigo sin saber quién las va a obtener.
Apostándole a la heroína, no a la víctima; eso sí.
Que lo entienda quien lo pueda entender.
Yo tengo insomnio y no quiero explicar:
El libro se llama Las diosas de cada mujer
y lo acabo de terminar.
¿Nada más?
Es 19 de enero por la tarde y en lo que va del mes (y del año) he leído dos libros que no hubiera leído, me puesto cuatro borracheras, de las cuales tres no me hubiera puesto y tuve que sufrir una consencuente cruda horrible que no hubiera sufrido. Tuve que inventar un pretexto que ni yo me creí. Me imaginé de verdad viviendo en otro país y me decidí por uno de los tres caminos que tenía. Cené en cuatro restaurantes que no conocía y volví a dos que no recordaba, descubrí un bar. Vi un par de excelentes películas y cuando quise llorar, lloré; sin importar qué opinara quien ahí estuviera. Fui a tomar un café con alguien con quien nunca había tomado café y whisky con alguien con quien nunca había tomado whisky. Perdoné al tequila blanco y probé un vodka que me sorprendió. Cené delicioso en lugar de quedarme leyendo. Contesté las llamadas, contesté los mensajes, contesté los correos; todos. Abrí la puerta y la ventana. Ya vi un amanecer sin haber dormido. Dije: "sí, yo te ayudo" aunque no estuviera en mis planes y no supiera cómo. Tuve una buena plática después de año y medio con una buena ¿"amiga" debo decir?, no sé, bueno, como sea, con ella. Y un día antes, dije: "te veo ahí en veinte minutos". Conocí a alguien que me preguntó si me gusta Cerati y alguien más en aprietos que me preguntó si le prestaba los cables eléctricos del carro. Dije cosas que antes, bajo el cómodo resguardo de la prudencia y del respeto, no me había atrevido a decir. Y no me importó decirlas, de hecho, fueron bastante bien recibidas. Fui a una comida que no hubiera ido. Por teléfono, hablo con esos extraños como si fueran mis amigos. He cantado, bailado y jugado. Platiqué con un bartender, un taxista y tres meseros. Me arriesgué a caminar hasta la esquina en una tarde lluviosa y sí, regresé empapada. Soy testigo mudo de dos grandes secretos. Un jueves a las 6 de la mañana, me desperté del ruido que hacían mis propias carcajadas, nunca me había pasado. He dado más abrazos que de costumbre, me he reído más que de costumbre (y quien me conozca sabrá la dimensión; quien no, pues no sabrá). Abrí un blog (¡cosa que es enorme para alguien que dice que "no escribe"!) y tengo un amigo nuevo en una tierra lejana llamada Argentina. He escuchado canciones que antes sólo había oído y tengo como 15 discos nuevos de grupos que no sabía que existían. Me fumé un cigarro en piyama con un amigo que vino a hacer una temprana visita dominical. Comienzo a despedirme concientemente de un espacio. Por fin, cociné ese platillo que sabía que me quedaría lejos del de mi madre y confirmé mis sospechas. Te vi a ti y a ti y a ti. Y hablé contigo y contigo y contigo. ¡Y contigo también! Dije un "va" cargado de nervios, emoción, pasión y miedo. Y menos de una semana después recibí un "va" cargado de nervios, emoción, pasión y... más pasión.
Nada mal para 19 días. Estoy sorprendida y desvelada. Con una sonrisa enorme y unas ojeras que no puedo ocultar. Con sueño pero con ganas de salir. Quiero decir "gracias".
Hace apenas 19 días, harta de las forzadas y frustradas listas de propósitos, me atreví a decir: "ahora no quiero tantos propósitos, voy a experimentar la apertura, nada más..." ¿Nada más? ¡ja!
Nada mal para 19 días. Estoy sorprendida y desvelada. Con una sonrisa enorme y unas ojeras que no puedo ocultar. Con sueño pero con ganas de salir. Quiero decir "gracias".
Hace apenas 19 días, harta de las forzadas y frustradas listas de propósitos, me atreví a decir: "ahora no quiero tantos propósitos, voy a experimentar la apertura, nada más..." ¿Nada más? ¡ja!
Todavía
Todavía eres un sueño, lo sé,
pero no te voy a soltar.
He tenido muchos, como tú, en la bolsa
y sólo los suelto cuando caminan solos
y me devuelven la sonrisa viéndome a los ojos.
Cuando son un hecho, como yo.
pero no te voy a soltar.
He tenido muchos, como tú, en la bolsa
y sólo los suelto cuando caminan solos
y me devuelven la sonrisa viéndome a los ojos.
Cuando son un hecho, como yo.
Definición de diccionario
Me sentí tan trascendental hace rato. Tan profunda, pensativa, inspirada. Tan sola. Una introspección deliciosa, un momento de calma en medio de tanto más, una pausa pequeña, de esas que te llevan a otro lugar (ahí donde las cosas realmente tienen sentido y razón de ser). Por un momento, pensé que el hilo negro no tardaba en manifestarse y revelar su identidad. Hasta había empezado a emocionarme ante la intuición de que una gran respuesta iba a golpearme con su sabiduría.
Esperando dicho golpe tuve una mala idea: ser literal. Quise saber el significado exacto. Descuartizar una palabra hasta encontrar su alma. Si mal no recuerdo, mi último pensamiento antes de esto fue: "sé y siento que las cosas se están acomodando". No ajustando, no moviendo: acomodando. Buscar una definición de diccionario puede ser un doloroso error. Y más si ni siquiera se tiene la delicadeza de buscar el infinitivo acomodar. En fin.
acomodo
s.m.
Hecho de acomodar o acomodarse
¿Quéee? ¿Esa es la definición que me vas a dar? (¡!) ¿De verdad? Aquí estoy yo con mi vida en el aire, con las manos vacías. A la expectativa de que las cosas pasen, esperando que esas monedas que he lanzado, caigan por su propio peso y me hagan ganar alguna apuesta. Por demás lista para lo que sea. Pensando en destinos, en karmas, en pasiones, en explicaciones cuánticas, vocaciones y demás enormidades. Tratando de creer que todo se va a arreglar pero sin saber ahora mismo a qué atenerme: si seguir esperando, si tomar acción, si arriesgarme o ser prudente, si hablar o escuchar, si seguir confiando o darme por vencida (y bien servida), si irme y no volver... o regresar y no volverme a despegar. Con una sed insoportable y de "acomodo" existencial supremo ¿y vienes tú y me dices "hecho de acomodar o acomodarse"? No me jodas, maldito diccionario.
¡Busqué el significado de la palabra "acomodo" y encontré el de la palabra "burla"! Me caí de mi barata nube socrática de un solo resbalón. En lo que duran dos pestañeos, yo ya había azotado de nalgas al suelo y me pareció que el sonido que escuché fueron unas carcajadas, y no mías. Me arrebataron mis intenciones filosóficas y metafísicas. No pude más que rendirme y reírme. Eso me gano.
Lo siento por todos. Por mí misma más que por nadie: otra vez, no encontré el hilo negro y me retiro derrotada. Pero algo me quedó claro: sabemos qué es el "acomodo" pero no sabemos cómo funciona. Si le preguntamos directamente no nos lo va a decir, sólo nos susurrará: "espera y verás, sólo te diré que sí existo".
Con eso basta.
Esperando dicho golpe tuve una mala idea: ser literal. Quise saber el significado exacto. Descuartizar una palabra hasta encontrar su alma. Si mal no recuerdo, mi último pensamiento antes de esto fue: "sé y siento que las cosas se están acomodando". No ajustando, no moviendo: acomodando. Buscar una definición de diccionario puede ser un doloroso error. Y más si ni siquiera se tiene la delicadeza de buscar el infinitivo acomodar. En fin.
acomodo
s.m.
Hecho de acomodar o acomodarse
¿Quéee? ¿Esa es la definición que me vas a dar? (¡!) ¿De verdad? Aquí estoy yo con mi vida en el aire, con las manos vacías. A la expectativa de que las cosas pasen, esperando que esas monedas que he lanzado, caigan por su propio peso y me hagan ganar alguna apuesta. Por demás lista para lo que sea. Pensando en destinos, en karmas, en pasiones, en explicaciones cuánticas, vocaciones y demás enormidades. Tratando de creer que todo se va a arreglar pero sin saber ahora mismo a qué atenerme: si seguir esperando, si tomar acción, si arriesgarme o ser prudente, si hablar o escuchar, si seguir confiando o darme por vencida (y bien servida), si irme y no volver... o regresar y no volverme a despegar. Con una sed insoportable y de "acomodo" existencial supremo ¿y vienes tú y me dices "hecho de acomodar o acomodarse"? No me jodas, maldito diccionario.
¡Busqué el significado de la palabra "acomodo" y encontré el de la palabra "burla"! Me caí de mi barata nube socrática de un solo resbalón. En lo que duran dos pestañeos, yo ya había azotado de nalgas al suelo y me pareció que el sonido que escuché fueron unas carcajadas, y no mías. Me arrebataron mis intenciones filosóficas y metafísicas. No pude más que rendirme y reírme. Eso me gano.
Lo siento por todos. Por mí misma más que por nadie: otra vez, no encontré el hilo negro y me retiro derrotada. Pero algo me quedó claro: sabemos qué es el "acomodo" pero no sabemos cómo funciona. Si le preguntamos directamente no nos lo va a decir, sólo nos susurrará: "espera y verás, sólo te diré que sí existo".
Con eso basta.
It takes one
No todos los días te dicen dos veces "eres una gran mujer".
Por lo menos a mí, no me sucede diario.
Una, desde "cerca".
Otra, desde "lejos".
Sí, así con comillas.
La que estaba cerca no lo estaba tanto
y la que estaba lejos, tampoco.
Gracias y gracias.
A las dos.
It takes one to know one.
Más directamente: ustedes también lo son.
Enero 7, 2010
Por lo menos a mí, no me sucede diario.
Una, desde "cerca".
Otra, desde "lejos".
Sí, así con comillas.
La que estaba cerca no lo estaba tanto
y la que estaba lejos, tampoco.
Gracias y gracias.
A las dos.
It takes one to know one.
Más directamente: ustedes también lo son.
Enero 7, 2010
Amanecer despacio
Despertar.
Ser conciente de las sábanas que me abrazan.
Las temperaturas.
Las sensaciones.
Abrir los ojos... tranquila.
Reloj.
Reacomodar la almohada y la cabeza.
Regresar a ese lugar donde estoy y no.
Dejarme llevar y unos momentos después,
volver a volver...
Reloj.
¿Cuánto me fui?
Recibir el azul que se mete por la ventana.
Jugar a adivinar el clima: ¿frío, humedad, calor?
Intentar descifrar ese sonido a lo lejos.
¿Será un pájaro?
De pronto, recuerdo quién soy y que día es.
¿Qué hay que hacer hoy?
"Ah, sí... levantarme."
Una honda inspiración.
Reloj.
Si no quiero correr, tengo unos minutos más.
Cambio de postura.
Me cubro los ojos, la frente, la boca...
sólo para confirmar que siguen ahí.
Todo en orden.
"No te dejes vencer por la confianza,
por la flojera,
por la comodidad,
por el cansancio,
ya no duermas... no cierres los ojos".
¡Qué ojos tan pesados tengo!
Estiro las piernas, la espalda, los brazos.
Algo tronó, creo que fue un tobillo.
Lanzo un suspiro, un quejido,
un "¡aaah!" que nadie escucha.
Reúno valor y, de un golpe, estoy sentada.
Rasco mi cabeza, termino de alborotar mi cabello.
Un pie descalzo, el otro no.
Perdí un calcetín.
Soy inquieta hasta para dormir.
Reloj.
¡De pie, de pie, de pie!
¡Vamos, tú puedes!
Arrastrando los pies y el alma
hasta ponerlos debajo del chorro de agua caliente.
Ojos cerrados, se moja el cabello
y llevo las manos a la cabeza.
Buenos días.
(Odio perderme esto.
Quedarme dormida y tener que brincar,
asustada, desconcertada, acelerada.
¡Es violencia!
Es ser abofeteada por un día que no ha llegado para mí.
Debería despertar 5 minutos antes para vivirlo diario...
¡debería! pero
¿a quién quiero engañar?)
Ser conciente de las sábanas que me abrazan.
Las temperaturas.
Las sensaciones.
Abrir los ojos... tranquila.
Reloj.
Reacomodar la almohada y la cabeza.
Regresar a ese lugar donde estoy y no.
Dejarme llevar y unos momentos después,
volver a volver...
Reloj.
¿Cuánto me fui?
Recibir el azul que se mete por la ventana.
Jugar a adivinar el clima: ¿frío, humedad, calor?
Intentar descifrar ese sonido a lo lejos.
¿Será un pájaro?
De pronto, recuerdo quién soy y que día es.
¿Qué hay que hacer hoy?
"Ah, sí... levantarme."
Una honda inspiración.
Reloj.
Si no quiero correr, tengo unos minutos más.
Cambio de postura.
Me cubro los ojos, la frente, la boca...
sólo para confirmar que siguen ahí.
Todo en orden.
"No te dejes vencer por la confianza,
por la flojera,
por la comodidad,
por el cansancio,
ya no duermas... no cierres los ojos".
¡Qué ojos tan pesados tengo!
Estiro las piernas, la espalda, los brazos.
Algo tronó, creo que fue un tobillo.
Lanzo un suspiro, un quejido,
un "¡aaah!" que nadie escucha.
Reúno valor y, de un golpe, estoy sentada.
Rasco mi cabeza, termino de alborotar mi cabello.
Un pie descalzo, el otro no.
Perdí un calcetín.
Soy inquieta hasta para dormir.
Reloj.
¡De pie, de pie, de pie!
¡Vamos, tú puedes!
Arrastrando los pies y el alma
hasta ponerlos debajo del chorro de agua caliente.
Ojos cerrados, se moja el cabello
y llevo las manos a la cabeza.
Buenos días.
(Odio perderme esto.
Quedarme dormida y tener que brincar,
asustada, desconcertada, acelerada.
¡Es violencia!
Es ser abofeteada por un día que no ha llegado para mí.
Debería despertar 5 minutos antes para vivirlo diario...
¡debería! pero
¿a quién quiero engañar?)
cómo me divertí(ste)
Necesito decirlo: ¡cómo me divertí(ste)!
Escribo sonriendo todavía.
No te creí ni una sola palabra.
Nunca te creo. Ya no.
Tu caminar, tu hablar, tu voz, tu aire.
Tu mismo discurso de mierda de siempre.
Palabras más, palabras menos.
Es un refrito barato, ¿no te parece?
¿No te cansas... o será que no se te ocurre nada más?
Me reía de tu mirada y de tu ceja levantada,
de tu risa pausada y "sensual",
de tu hablar como si fueras...
no sé quién demonios crees que eres.
De tu mérito que no es tuyo,
de tu "improvisación" mal hecha.
Espera, despacio...
quítate el ego para entrar por la puerta.
No cabes y, cuidado... no te vayas a lastimar.
Es que eres irresistible, indispensable.
Todo sabiduría y talento espontáneo.
¡No seas ridículo, (mamón)!
¿De verdad crees que te creo?
(Me quedo con la duda).
Lo nuestro es mero trámite.
Nos saludamos por cortesía, por protocolo.
Si te puedo evitar, mejor.
Un mérito sí es tuyo y no pienso quitártelo:
las carcajadas y la diversión que me regalas
porque mientras otros te admiran y te adulan
yo me río, pero no contigo:
de ti.
Escribo sonriendo todavía.
No te creí ni una sola palabra.
Nunca te creo. Ya no.
Tu caminar, tu hablar, tu voz, tu aire.
Tu mismo discurso de mierda de siempre.
Palabras más, palabras menos.
Es un refrito barato, ¿no te parece?
¿No te cansas... o será que no se te ocurre nada más?
Me reía de tu mirada y de tu ceja levantada,
de tu risa pausada y "sensual",
de tu hablar como si fueras...
no sé quién demonios crees que eres.
De tu mérito que no es tuyo,
de tu "improvisación" mal hecha.
Espera, despacio...
quítate el ego para entrar por la puerta.
No cabes y, cuidado... no te vayas a lastimar.
Es que eres irresistible, indispensable.
Todo sabiduría y talento espontáneo.
¡No seas ridículo, (mamón)!
¿De verdad crees que te creo?
(Me quedo con la duda).
Lo nuestro es mero trámite.
Nos saludamos por cortesía, por protocolo.
Si te puedo evitar, mejor.
Un mérito sí es tuyo y no pienso quitártelo:
las carcajadas y la diversión que me regalas
porque mientras otros te admiran y te adulan
yo me río, pero no contigo:
de ti.
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