Un perro sabueso policía

Tengo un olfato tan incómodo que a veces me desespera. Me entero de cosas que no debería. Y sin querer y sin poder evitarlo. Quién suda, qué perfume o desodorante trae quién, quién se acaba de lavar los dientes, quién comió gengibre y quién venía en un taxi aromatizado artificial y nefastamente a coco.

Tan sólo en mi camino del estacionamiento a la puerta de mi departamento, me enteré que en el primer piso, alguien se acaba de bañar; olía a shampoo por todo el pasillo. Subo las escaleras y en el segundo alguien cenó pescado con mantequilla, cebolla y ajo. Sigo subiendo y en el tercero, prendieron un incienso; estoy casi segura que es el Nag Champa, el del paquetito azul. Mi vecina en el cuarto piso, fuma más que yo y no precisamente tabaco. Y a ese perro le urge un baño.

Ir caminando por la calle en la Ciudad de México. Que Dios me bendiga.

Aquí donde no conocen el espacio vital. Aquí me vine a vivir.

Es sólo por esto que aún no dejo de fumar.

Se agudizará y no lo soportaré.

Haciendo cuentas

Nos sobraron planes, nos faltaron sueños.
Nos sobraron posturas, nos faltó bailar.
Nos sobraron límites, nos faltaron saltos.
Nos sobraron horas y escudos.
Nos faltaron momentos y grietas.
Nos sobraron alas, cauces, raíces.
Nos faltó viento, agua, tierra.
Del fuego ni hablar.
Nos sobraron aventuras, nos faltó complicidad.
Nos sobraron todas las palabras, nos faltó entendernos.
Nos sobró enero, nos faltó mayo.
Nos sobró mañana, nos faltó hoy.
Nos sobramos de estar, nos faltó acompañarnos.

Sobramos tú y yo, faltamos nosotros.

Ni qué decir de ceder, ni de la claridad, ni del respeto. Y todo el terreno en común. ¿Pero dónde quedó tanto? ¿Dónde estuvo la amenaza? Olvidamos de qué trataba el juego. Nos pusimos a competir. Y nos perdimos. Y nos peleamos. Y nos quedamos solos. Juntos pero solos. Tú crees que sí. Yo no sé qué creer. ¿Por qué nos protegimos tanto si ya habíamos chocado? ¿De qué valió tanto miedo? ¿Cómo seremos que la emocional entre los dos soy yo? Me dolías antes de dolerme y después me doliste más. Tú tan allá, yo tan acá y nosotros tan quién sabe dónde. Tan así que ya no sabemos cuánto hay que pagar o si alguien nos quedó debiendo.

100 minutos

15 centímetros de ventana abierta, media mano izquierda de fuera, dedos húmedos de lluvia y un Camel casi completo.

Primera. Neutral. Primera. Neutral. Primera. Neutral. Primera. Neutral. Freno de mano. Ya qué mas da.

Norah Jones diciéndome al oído que no sabe porqué. Ah, y claro. Más de hora y media esperando pasar por ahí. Tampoco es tan malo. Al menos a mí, hoy no me lo pareció.

"When I saw the break of day, I wished that I could fly away instead of kneeling in the sand: catching teardrops in my hand..."

Todo tuyo

Te regalé el silencio más grande del mundo para que hicieras con él lo que quisieras. Te regalé el berrinche, el desayuno, el primer sinsentido de cada día. Las letras, los dolores de estómago, la comezón en los brazos, las obsesiones estúpidas y arrebatadas. Lo que me digo cuando hablo sola y mis primeros recuerdos. El olor del café del fin de semana y aquél ruido de noche que nunca supe de dónde venía. Los estados de cuenta, las dudas, las ganas, los susurros, los abrazos a la almohada y mi ropa interior. Mi primer beso, mi primera vez y mi última. La ansiedad incontrolable, el monólogo interno, todos los boletos de avión. La emoción de cuando truena el cielo y comienza a llover. Lo que siento al oler la tierra mojada, las mudanzas, las caricias. Te regalé cada cosa que pensé y no dije, cada vez que salí a comprar cigarros a deshoras y cada vez que me metí las manos al bolsillo. Cada cumpleaños que no quise celebrar y celebré. Los abrazos de todos mis amigos, cada sonrisa nueva, cada desconfianza, cada cristal de cada ventana. Dos chispas: la perdida y la encontrada. Cada vista de cada departamento en el que he vivido. Te regalé los hubieras, los vinos en viernes y la sed del sábado. El arrepentimiento más grande y el secreto que nunca sabrás; te los di. Cada beso que me guardé. El mal humor de cuando tengo hambre. Cada mosquito que me picó, el color del Caribe, las fotos de Europa y las pecas de mi nariz. Mi ceño fruncido, cada vez que dije "no importa" y el día que aprendí a manejar. Las carcajadas, los apretones de mandíbula, las lunas menguantes en el balcón, los accidentes. Lo primero que escribí en mi vida, las llaves de mi camioneta. La razón de cada vez que me mordí las uñas, el encanto absoluto de tropezar con las piedras, la sensación de montar a caballo y la de amanecer en la playa. La fragilidad, el suspenso, los nudos marineros en mi garganta, las pasiones encajonadas y los talentos que no encuentran lugar. Te regalé mi voz quebrada y todas las películas que me han hecho reír. Lo que nunca creíste que haría y eso que piensas de mí; es tuyo ya. Los brazos abiertos, mi aire asfixiado, mi no tener puta idea de nada y mi querer hacerlo todo en una sola vida. Las peleas con papá, mi respiración, el brillo de mi piel contra el sol. Te regalé mis costillas, mi ombligo, mi única muela del juicio y mis pies. Lo que aprendí de francés en la universidad y olvidé antes de graduarme, mi cuaderno de preguntas, mi lista de pendientes y mi buena memoria. Te regalé Roma, La Habana, Oaxaca y el Atlántico. Toda mi música, mis libros, mis caricias, mi guitarra, mis tres años sin comer carne y toda mi ropa blanca. El olor de mi departamento, mi maleta y el fondo de mis ojos.

Y lo hice porque quería que supieras quién soy.

Hoy sólo quiero regalarte un par de cosas más: un mareo y un porqué.

El mareo de entender que jamás supiste y jamás sabrás.

Y el porqué, así, sin explicaciones.

Pero qué mas da, si ya es todo tuyo.

Un pequeño malentendido

No caben dentro y salen por los ojos. Explotan, escapan, huyen de algún lugar peor. Tampoco caben fuera y las secamos con las manos apenas aparecen. Parpadeamos de más con tal de que regresen a ese sitio de donde están escurriendo. Nunca deseadas, nunca, nunca. Las escondemos de nuestro rostro cual cicatrices de accidente fatal. Bajamos la cara, nos aclaramos la garganta, tomamos agua y fingimos que no está pasando nada... o que lo que pasa, pasará. No nos caben, no sabemos cómo caber con ellas, somos tantos. Tragamos saliva, volteamos la cabeza y nos tapamos los ojos. Nos convulsionan e incomodan; enrojecemos. Nos evidencian, ¡somos frágiles, maldita sea, lloramos! Nos encogemos de hombros, de cuerpo y vida. Empequeñecemos. Nos deshidratan el alma, por la razón que sea. Nos avergüenzan, nos vulneran y revelan. ¿Por qué preferimos llorar solos? Porque si algo ha de caber, entre menos seamos, mejor; porque una lágrima nunca viene sola. Para llorar, yo me escondo de ti y tú de mí porque las lágrimas no caben entre nosotros, somos demasiados. Y todos hacemos como si no lloráramos... como si no hubiéramos llorado nunca. Porque pasa algo: simplemente somos nosotros los que no cabemos en este mundo al llorar. Somos nosotros. No ellas. Lo hemos malentendido.

¿Qué hacemos?

(Casi desesperadamente) creo en la magia.
No la del mago barato que saca un conejo de su sombrero.
La magia de verdad. La que me tiene aquí.
Creo en el sentido del sinsentido y viceversa. Absolutamente.
En todo lo que no cabe en un cuadrito.
Y aún si cupiera ahí, yo lo sacaría para querer seguir creyéndolo.
Tú no.
Y me duele.
¿Qué hacemos?

B,

Estos últimos tiempos te traen a mí. Hace unos días, hasta escribí un personaje que llevaba tu nombre... pero no te preocupes, me faltaron letras para contarte todo. Si pudiera escoger a alguien en todo el mundo con quien sentarme a platicar ahora mismo, serías tú, sin duda. Podría decirse que te extraño, creo que sí, es eso: te he de extrañar. Un arrebato más, de los ya normales en mí. Curioso porque no nos veíamos tanto así. La cerveza ocasional y el fino sarcasmo. La completa confianza y la lluvia cayendo a cántaros. El tiempo siempre nos dio de menos, lo que se nos terminaba antes era la saliva. La voz, la mirada, las manos, la humildad del que sabe que no sabe, la franqueza del que no se casa con nada, la complicidad, las preguntas. Y hablando de preguntas, me quedará ésa, la de lo que nunca fue. Yo, contigo, siempre fui yo. Toda yo. Y tú, siempre lo entendiste. Gracias por eso. Ahora sé que no es tan fácil de encontrar. Te quiero.

LAAA diferencia

Ser digno de confianza hasta demostrar lo contrario.
No ser digno de confianza hasta demostrar lo contrario.
He ahí toda la diferencia.
Bienvenido sea usted, pasajero, al Distrito Federal.
Gracias por volar con nosotros y lo esperamos en su siguiente escala.

Increíble

24 años de vida. Licenciatura y especialidad en una de las mejores universidades del país y aceptado recientemente para hacer su maestría en una de las mejores del mundo. Habla español, inglés, alemán, polaco, ruso y francés. Ha vivido en 7 países y visitado más de 20. Laboró durante 7 meses en el área financiera de Coca-Cola y ahora trabaja en un corporativo multinacional con más de 11,000 empleados alrededor del mundo y desempeña una importante labor operativa en el área de telecomunicaciones internacionales.

Y nunca, ¡jamás!, ha visto un hormiguero.

Es una lástima.

Un instinto incontrolable

Un capricho fisiológico que encarna monstruos amorfos de varias cabezas y hermosas mariposas que flotan en el aire sin tocarlo. Las compuertas de una presa llena que tiene que ser desbordada o reventará en un estallido desastroso. Las preguntas sin respuestas sembradas en una maceta entre tierra fértil y húmeda para que resucite la curiosidad. Lágrimas que contienen la concentrada pócima mágica que nos vuelve humanos a todos. Las infinitas bifurcaciones de una historia que ha esperado por toda la eternidad para ser contada. Las pieles de innumerables seres míticos que atraviesan paredes y existen sólo porque tienen voz. Una carcajada imprudente, la fuerza de atracción que genera una turbina bajo el agua, un parto, el negro vacío de mis pupilas, un grillo cantando, un mareo, un silencio y un par de manos temblando. Un instinto incontrolable que simplemente me rebasa. Eso es escribir, eso me significa.

Mejor dormir

La ociosidad huele a muerte, tiene cara de añoranza y pesa como toda la arena del mar cayendo en el reloj gigante del tiempo perdido. Horas pantanosas e inútiles flotando en el lodo viscoso de la duda y la anticipación. Soledades compartidas de miradas vacías y distantes. Pieles que no se tocan, sonrisas añejas y resecas que fotografían un pasado lejanamente pasado. Palabras que no saben salir de las gargantas para volverse aire o vibración. Cuerpos aletargados y entumidos que van doliéndose en los hombros, los pies y el aliento. Un vistazo al oscuro abismo y darse cuenta que está tan vivo como se pueda estar.

A quien...

Agradezco profundamente a quien haya, alguna vez, sido honesto conmigo. A quien no le haya costado trabajo compartir sus alegrías cuando yo no era tan feliz, sin culpa o sin miedo de hacerme sentir de ninguna manera. A quién a un "¿cómo estás?" me respondió "de la chingada" cuando era un real y genuino de-la-chingada. A quien me abrazó queriendo abrazarme. A quien confió en mí, alguna vez, para lo que fuera. A quien lloró, hizo berrinche, se carcajeó, se enfureció, se emborrachó, se desnudó frente a mí. A quien no necesitó más explicación que una mirada. A quien no me pidió ninguna. A quien supo ver en mí lo que soy antes de que yo misma me diera cuenta. A quien me dijo cosas que jamás había dicho. A quien me recibió en su casa, a quien me invitó una cena, un trago, una sonrisa. A quien me regaló 5 minutos cuando no podía más, a quien fue por mí a algún aeropuerto, a quien escuchó, a quien esperó que terminara de llorar, a quien aguantó mis necedades racionalistas y miedos infundados. A cualquiera de quien haya aprendido algo. Gracias. Desde aquí, de verdad, gracias totales.

¿?

¿Pero qué le cuentas de nostalgias lacrimosas a alguien que dice no saber de apegos?

Ojos llorosos

De andar en bicicleta rompiendo charcos enormes a mi paso. De cuando me corté la pierna con un pedal. De jugar basket hasta que llegaran por mí. De bailar ballet. De beber ron contigo hasta las 8 de la mañana. De pensar en ti sin saber quién eras. De estar al aire. De los pisos blancos de aquél departamento. De carcajearme sin pudor. Del invierno en Boston y la nieve hasta las rodillas. Del verano en Milán y el sin-tiempo hasta la garganta. Del otoño en la base de tu espalda. De no tener prisa ni miedo al caminar por la calle. De cruzar la ciudad todos los días sólo para darte un beso. De meditar la tierra mojada. De los buenos días de mi mamá y la fruta en el refrigerador. De escribir a mano y esconder los cuadernos bajo el colchón. De estar rodeada de amigos, compañeros de vida. De fingir una migraña y no ir a trabajar. De circular la ciudad cantando. De andar por el mundo con una mochila a cuestas. De no dejar de estudiar. De saludar al sol bajo la luna. De dejarme conocer. De amanecer en la universidad. De hacer lo que me daba mi chingada gana todo el chingado tiempo. De estar con mis hermanas. De que 2000 pesos bastara y sobrara para todo el mes. De fumar toda la tarde hablando de los "problemas". De no tener nada que demostrar. De llorar sin esconderme. De sentirme en casa.

La nostalgia se refugia en los rincones más insospechados para hacer a los ojos llorar.

No se puede ser sin ser lo que se fue. Se sigue siendo. También lo que aún no se es. Y así es.

Saudade

A mi familia ya aprendí a extrañarla.
A mis amigos no.